Heroina

[ES]
de Deborah Ceballos,
il·lustració Mermagoma

 

La mujer entró cuando ya pitaban las puertas. Después de la segunda estación, se preparó para salir. Corrí un poco por el andén y la toqué en el hombro para darle unas monedas. Se giró, me miró y me dio las gracias. Entonces se acercó y empezó a hablarme. Había cumplido 35 años. Dijo que “los de seguridad” no le dejaban pedir en el metro. Que estaba limpia. Ellos me conocen porque durante años he estado pidiendo para droga, pero ahora estoy limpia. Me habló del hombre que la había acompañado en su rehabilitación. Me contó que el padre de su hija era drogadicto como ella. Nos habíamos parado dentro de la estación. La mujer era fuerte, todo su cuerpo transmitía esa solidez; yo me sentía casi volátil tomándola de la mano. Su actual pareja era mucho mayor que ella. Me contó que se había criado en la calle, con la heroína. Parecía perdida en el tiempo y sin embargo me estaba relatando un acontecimiento. La mujer sacó su móvil, para enseñarme un mensaje que le había enviado su hija de 15 años por su cumpleaños. En el mensaje le decía que se sentía feliz de haberla conocido, que se sentía orgullosa, que la quería, que era la mejor madre del mundo. Juana se emocionó y yo me emocioné, y nos abrazamos. Luego nos despedimos y nos fuimos. Yo me había pasado de parada así que volví al otro lado del andén. Ella continuaba su ruta y también dio media vuelta para volver con el siguiente metro. Volvíamos en la misma dirección, pero ya no nos saludamos.